Un llamado a la renovación feminista en tiempos de división, indignidad y guerra
Introducción: Un mundo en un punto de inflexión
En todas las regiones, el mundo atraviesa un período de profunda transformación. El retroceso democrático, los conflictos armados, la ocupación, el desplazamiento, el aumento de la desigualdad económica, la crisis climática, las transformaciones tecnológicas y el debilitamiento de la cooperación multilateral están reconfigurando los sistemas políticos, sociales y económicos. La polarización política se intensifica, mientras aumenta el número de conflictos armados y la militarización erosiona las normas democráticas y la seguridad humana.
Estas crisis están interconectadas. Ninguna de ellas es neutral desde el punto de vista de género. Todas ellas reconfiguran los derechos, la seguridad y las oportunidades de las mujeres y las niñas en toda su diversidad.
Tres décadas después de la Plataforma de Acción de Beijing, el progreso hacia la igualdad de género sigue siendo desigual y frágil. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 compromete a la comunidad internacional a lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas para 2030. Sin embargo, las tendencias actuales muestran que el progreso sigue siendo demasiado lento. Según ONU Mujeres, al ritmo actual podría tardarse más de un siglo en cerrar la brecha global de género. Esta proyección no es inevitable. Con una acción política decidida, inversión sostenida y reformas institucionales, el progreso puede acelerarse. Incluso si la meta no se alcanza plenamente en 2030, el compromiso con la igualdad no debe debilitarse.
En muchos contextos, derechos que antes se consideraban consolidados están bajo presión y son atacados por coaliciones de movimientos de extrema derecha, fundamentalismos religiosos, autócratas y poderes económicos concentrados. En otros, persisten formas de exclusión estructural del poder político, de los sistemas de justicia y de las oportunidades económicas. En distintas regiones, incluido Oriente Medio y el Norte de África y otros contextos frágiles y afectados por conflictos, las mujeres y las niñas siguen enfrentando graves riesgos vinculados a la violencia, el desplazamiento y la represión política.
Al mismo tiempo, los movimientos feministas en todo el mundo continúan articulando nuevas visiones políticas basadas en el cuidado, la justicia, la igualdad y la participación democrática. En un momento marcado por la división y la guerra, la renovación feminista se convierte tanto en una necesidad política como en un imperativo democrático.
Las sociedades democráticas, pacíficas y sostenibles no son posibles sin igualdad de género.
La cuestión que tenemos ante nosotros no es si la igualdad de género importa. La cuestión es si la igualdad de género se convertirá finalmente en un principio rector en todos los ámbitos de las políticas públicas para mejorar la vida cotidiana de las mujeres y las niñas y transformar nuestras sociedades.
Esta cuestión se vuelve aún más urgente a medida que el espacio democrático se reduce en todo el mundo. Según evaluaciones recientes sobre el estado de la democracia global, alrededor del 71 % de la población mundial vive actualmente bajo formas de gobierno autocráticas, donde las libertades cívicas están restringidas y los derechos de las mujeres suelen ser de los primeros en verse socavados. Defender la igualdad de género exige, por tanto, defender la democracia.
Igualdad de género como derecho humano fundamental y pilar de sociedades justas, inclusivas y sostenibles
La igualdad de género es un derecho humano fundamental y un pilar de sociedades justas, inclusivas y sostenibles. Sin embargo, en todas las regiones, marcos jurídicos discriminatorios, barreras estructurales en el acceso a la justicia y desigualdades en el acceso a las instituciones públicas siguen socavando la capacidad de las mujeres para ejercer plenamente sus derechos como ciudadanas en igualdad de condiciones. Fortalecer el Estado de derecho, garantizar la igualdad ante la ley y asegurar un acceso efectivo a la justicia son bases esenciales para la legitimidad democrática y la cohesión social. Alcanzar la igualdad requiere enfrentar la discriminación estructural incrustada en las instituciones, los sistemas jurídicos y las estructuras económicas.
Derechos democráticos y liderazgo de las mujeres
Las democracias sólidas dependen de la participación plena y significativa de las mujeres en la vida política. El liderazgo de las mujeres fortalece la gobernanza democrática, mejora la rendición de cuentas pública y amplía la representación de los intereses sociales. Sin embargo, las mujeres siguen estando subrepresentadas en las instituciones políticas y enfrentan barreras que van desde sistemas políticos discriminatorios hasta el acoso y la violencia en la vida pública. Avanzar hacia la igualdad de género requiere reformas democráticas que protejan el espacio cívico, promuevan una representación justa y permitan que las mujeres participen plenamente y con seguridad en la toma de decisiones políticas en todos los niveles. Los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil deben liderar con el ejemplo en la promoción de un liderazgo inclusivo y una participación democrática plena.
Libertad frente a todas las formas de violencia
La violencia de género sigue siendo una de las violaciones de derechos humanos más extendidas en el mundo. Adopta múltiples formas, entre ellas la violencia doméstica, el acoso sexual, la trata de personas, la violencia sexual relacionada con conflictos y, cada vez más, los abusos digitales y facilitados por la tecnología. La violencia contra las mujeres y las niñas no solo vulnera la dignidad y la seguridad individual, sino que también socava la participación democrática y la confianza social. Prevenir y responder a la violencia de género requiere marcos jurídicos sólidos, sistemas de apoyo centrados en las sobrevivientes, la persecución efectiva de los perpetradores y esfuerzos sostenidos para transformar las normas sociales que toleran o normalizan la violencia.
Empoderamiento económico
La igualdad de género no puede alcanzarse sin justicia económica. Las mujeres siguen enfrentando desigualdades estructurales en el mercado laboral, brechas salariales, acceso limitado a recursos y una responsabilidad desproporcionada en el trabajo de cuidados no remunerado. Los sistemas económicos globales continúan dependiendo de un trabajo de cuidados invisible e infravalorado realizado principalmente por mujeres. Transformar esta realidad requiere invertir en infraestructuras universales de cuidados, reconocer y redistribuir las responsabilidades de cuidado no remunerado, desarrollar sistemas de protección social con perspectiva de género y reformar los mercados laborales para garantizar trabajo decente, igualdad salarial e igualdad de oportunidades económicas. El empoderamiento económico es esencial tanto para la autonomía individual como para un desarrollo económico inclusivo y sostenible.
Mujeres, paz y seguridad
El creciente número de conflictos armados en el mundo tiene consecuencias devastadoras para las mujeres y las niñas. Hoy, más de 600 millones de mujeres y niñas viven en contextos afectados por conflictos, donde enfrentan mayores riesgos de violencia, explotación, desplazamiento forzado y pérdida de acceso a servicios esenciales. En contextos de crisis y conflicto, incluidas regiones de Oriente Medio y el Norte de África y otros territorios afectados por la guerra y el desplazamiento, las mujeres y las niñas siguen soportando cargas humanitarias y de seguridad desproporcionadas.
Al mismo tiempo, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la prevención de conflictos, la construcción de paz y la resiliencia comunitaria. La comunidad internacional debe fortalecer la implementación de la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad, incluido el cumplimiento de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y sus resoluciones posteriores.
Un llamado a la acción
Este momento exige renovado coraje político y solidaridad.
En tiempos de división, indignidad y guerra, la renovación feminista requiere construir amplias alianzas capaces de defender los valores democráticos, resistir la injusticia y avanzar hacia la igualdad.
Llamamos a demócratas, movimientos laborales, fuerzas progresistas y actores feministas de todo el mundo a unir esfuerzos para generar el impulso político necesario para avanzar hacia la igualdad, la dignidad y la justicia para todas las personas.
La renovación feminista es una respuesta a la crisis. Es nuestra respuesta persistente frente a quienes buscan revertir los derechos de las mujeres, la igualdad de género y el progreso social. Sigue siendo un camino hacia sociedades más justas, democráticas e inclusivas.
Crédito de la fotografía: Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI)